Creatividad y resultados
Muchos clientes y amigos me dicen: “yo no soy creativo” o en el peor de los casos, “la creatividad es para los artistas”, asumiendo en algunos casos una connotación negativa para la palabra “creatividad”, como si ésta no tuviera que ver con CREAR, con pensar nuevos mundos posibles y hacerlos realidad. O como si hacer negocios tuviera que ser solemne. Como si la alegría no fuera compatible con generar resultados.
Para estos casos, ofrezco otra mirada. Hoy a través de un artículo publicado hace ya tiempo escrito por el filósofo José Antonio Marina y que me parece una “perla” para abordar el tema de la creatividad, los modelos mentales, la forma de llegar por intuición a un resultado posible y luego generar un proceso deductivo desde la lógica.
Einstein creía que las teorías científicas eran «invenciones libres de la inteligencia humana», afirmación que resulta chocante porque solemos pensar que la fantasía humana produce arte, pero no ciencia. Al fin y al cabo, la imaginación es la loca de la casa. Einstein, sin embargo, insistió mucho en que no había «ningún camino lógico para descubrir las leyes elementales de la naturaleza». Era necesario saltar más allá de la experiencia.
He estudiado cómo inventaron sus teorías Faraday, Maxwell, Darwin, Watson y Crick, y en todos los casos hay un primer paso casual y fantasioso. Lo mismo pasa con los problemas matemáticos. No es verdad, como solemos decir los profesores para tranquilizarnos y de paso confundir a los alumnos, que a partir del planteamiento se deduce la solución. No. Desde las premisas se inventa una posible solución, que el matemático tiene que procurar enlazar con las premisas. ¿Y de dónde proceden esas soluciones? El gran Henri Poincaré, que estuvo muy intrigado por estos procesos inventivos, acaba admitiendo la existencia de un «inconsciente matemático» que funciona a su aire, sin que su dueño tenga la menor idea de cómo actua. Einstein estaba de acuerdo: «La mayor parte de nuestros pensamientos se desarrolla inconscientemente».
Tenemos muchos datos sobre el modo de pensar de Einstein. El primero es que, de acuerdo con sus propias declaraciones, tenía una inteligencia visual. No se llevaba bien con las palabras.Tardó mucho en hablar, suspendió en idiomas en el Bachillerato, su vocabulario inglés era bastante reducido, y siempre le costó mucho escribir. «Mi poder, mi habilidad especial», escribía en 1938, «radica en visualizar los efectos, consecuencias y posibilidades.Comprendo las cosas fácilmente de forma global. Pero no puedo hacer cálculos matemáticos fácilmente. Los hago de mala gana y con lentitud».
Contó que durante muchos años sus investigaciones estuvieron dirigidas «por un vago sentimiento de dirección, de ir en línea recta hacia algo concreto. Es muy difícil describir este sentimiento, pero yo lo experimentaba como una especie de sobrevuelo, en cierto sentido visual». Aunque suene raro, no es el único que ha mencionado este «sexto sentido». William James escribió: «Todo filósofo, o todo hombre de ciencia que haya contribuido algo a la evolución del pensamiento, se ha apoyado en una especie de convicción muda de que la verdad debía encontrarse en tal dirección y no en otra, y precisamente ha dado sus mejores frutos haciéndola funcionar».
Pues bien, Einstein se dejaba guiar por algunas creencias básicas: No podía haber asimetrías en la realidad, la naturaleza no puede ser complicada, y hay que buscar la fuente de la verdad en la simplicidad matemática. Muchas de sus invenciones trataron de unificar conceptos hasta entonces contradictorios y eliminar la complejidad. Esto fue en él un hábito vital, más que intelectual.Cuando en una ocasión le preguntaron por qué no usaba jabón de afeitar, sino sólo el jabón de tocador, respondió: «¿Usar dos jabones?¡Qué complicación!». Este afán por la simplicidad le hizo buscar durante años la ecuación fundamental que unificara todas las fuerzas del Universo.
Estas creencias le hicieron estar absolutamente seguro de sus teorías, incluso antes de que fueran corroboradas por los hechos.Como se sabe, las mediciones de Eddington durante un eclipse solar en 1919 confirmaron los cálculos de Einstein. Una de sus alumnas, Ilse Rosenthal-Schneider, cuenta que en una ocasión estaba leyendo y comentando con Einstein un libro en el que se hacían muchas objeciones a su teoría por su falta de comprobación empírica. Einstein la interrumpió bruscamente, fue a coger un telegrama que había en una repisa, y se lo entregó diciendo: «Tenga, tal vez le interese esto». Era el telegrama de Eddington con los datos que confirmaban la teoría de la relatividad. La alumna comenzó a dar saltos de alegría, pero Einstein se limitó a decir: «Yo sabía que era correcta». Y cuando ella le preguntó qué habría hecho si los datos no hubieran coincidido con sus previsiones, contestó: «Lo hubiera sentido por el buen Dios, porque la teoría esta bien».
Volviendo al modo de pensar de Einstein, siempre negó que pensara con palabras. A su amigo Max Wertheimer, uno de los fundadores de la Psicología de la Forma, le confió: «Los pensamientos que llevaron a la teoría de la relatividad no se presentaban con ninguna formulación verbal. Pienso muy raramente con palabras.Llega un pensamiento y puede que más tarde intente expresarlo».Es decir, que vió la teoría. «Los elementos que manejo al pensar son de tipo visual, y en cierta manera muscular», dijo en una ocasión. «Primero viene la idea y «sólo en una segunda etapa tengo que buscar trabajosamente las palabras u otros signos convencionales».
Esta forma de pensar explica algo que conocen todos los profesores que tienen que explicar la teoría de la relatividad. El problema más arduo para conseguir una comprensión inicial sólida de la teoría no se encuentra en las matemáticas, sino en la capacidad de imaginar vívidamente algunos experimentos mentales que incluyan las percepciones y descripciones de dos observadores en un movimiento relativo uno respecto al otro.
De todas las cosas que Einstein escribió sobre el pensamiento científico, una me interesa y emociona especialmente. Es su insistencia en hablar del «juego libre de los conceptos». Cuando solemos pensar que la ciencia está férreamente determinada por la realidad, Einsten nos dice que es un juego libre de la inteligencia, una invención. Esto me confirma en la idea de que la gran tarea de la inteligencia humana es encontrar posibilidades en la realidad.Posibilidades artísticas, afectivas, técnicas, científicas. El gran creador de ciencia concede a la naturaleza la gran posibilidad de confirmar una bella teoría. Fantástico.
Sí, coincido! la gran tarea de la inteligencia humana es encontrar POSIBILIDADES en la realidad y en la medida que AMPLIEMOS NUESTRA MIRADA, aumentaremos nuestra capacidad de VER dichas posibilidades.