
¿Te gustaría contar con más recursos para gestionar a tu equipo de trabajo cuando los integrantes del mismo se encuentren preocupados?
¿Si es así, en este post podrás leer algunos conceptos basados en los desarrollos de Daniel Goleman, referente en el mundo del liderazgo y autor de numerosos libros. También te propongo un ejercicio que suelo usar con mis clientes.
Las emociones son, en esencia, impulsos que nos llevan a la acción, como la misma etimología de la palabra lo indica, ya que proviene del verbo latino movere (que significa «moverse») más el prefijo «e-», significando algo así como «movimiento hacia».
Esto se evidencia especialmente en los niños, y por supuesto, en los animales. En el mundo de los adultos, sin embargo, nos encontramos con una disociación entre las emociones y las reacciones.
Cada emoción predispone a un diferente tipo de respuesta, y esto tiene que ver con una impronta biológica, fruto de la evolución de nuestra especie.
¿Qué nos ocurre cuando sentimos miedo? Cito a Daniel Goleman, en su libro Inteligencia Emocional:
Cuando sentimos miedo, la sangre se retira del rostro (lo que explica la palidez y la sensación de «quedarse frío») y fluye a la musculatura esquelética larga —como las piernas, por ejemplo- favoreciendo así la huida. Al mismo tiempo, el cuerpo parece paralizarse, aunque sólo sea un instante, para calibrar, tal vez, si el hecho de ocultarse pudiera ser una respuesta más adecuada. Las conexiones nerviosas de los centros emocionales del cerebro desencadenan también una respuesta hormonal que pone al cuerpo en estado de alerta general, sumiéndolo en la inquietud y predisponiéndolo para la acción, mientras la atención se fija en la amenaza inmediata con el fin de evaluar la respuesta más apropiada.
Es decir, que el miedo en primera instancia es una respuesta instintiva ante un peligro real o potencial que nos invita a tomar las acciones necesarias para sobrevivir. Cuando suena la “ alarma de miedo“, la amígdala envía mensajes urgentes a cada uno de los centros fundamentales del cerebro, disparando la secreción de las hormonas corporales que predisponen a la lucha o a la huida, activando los centros del movimiento y estimulando el sistema cardiovascular, los músculos y las vísceras
Las preocupaciones también se asientan en ese estado de alerta. En ese estado, y citando a Goleman nuevamente
una parte de la ansiedad centra nuestra atención en la amenaza, obligando a la mente a buscar obsesivamente una salida y a ignorar todo lo demás. La preocupación constituye, pues, en cierto modo, una especie de ensayo en el que consideramos las distintas alternativas de respuesta posibles. En este sentido, la función de la preocupación consiste, por consiguiente, en una anticipación de los peligros que pueda presentamos la vida y en la búsqueda de soluciones positivas ante ellos.
El problema surge cuando la preocupación se hace crónica y reiterativa, cuando se repite continuamente sin procuramos nunca una solución positiva. Un análisis más detenido de la preocupación crónica evidencia que ésta presenta todos los rasgos característicos propios de un secuestro emocional moderado: parece no proceder de ninguna parte, es incontrolable,
Es probable que cuando escuchamos cifras del paro, o están despidiendo gente en nuestro trabajo, o somos dueños de empresas y tenemos problemas financieros, algunos de nuestros clientes se delaran cesación de pago y leemos en los periódicos sobre números que bajan y problemas que aumenta, nuestros reflejos del miedo se activen.
¿Cómo hacer para que esta emoción nos conduzca a una acción productiva? Suelo hacer con mis clientes un ejercicios basado en un sencillo método propuesto por Lizabeth Roemer y Thomas Borkovec, investigadores de la Pennsylvania University State:
- El primer paso consiste en tomar conciencia de uno mismo y registrar el primer acceso de preocupación tan pronto como sea posible. En circunstancias ideales, este registro debería tener lugar inmediatamente, en el mismo instante en que una fugaz imagen catastrófica pone en marcha el ciclo de la preocupación y la ansiedad. Para ello, trabajamos enseñando a que cada uno detecte sus propios signos de ansiedad y, en especial y los pensameintos y situaciones que le desencadenan un ciclo de la preocupación. También es posible recurrir al aprendizaje de alguna técnica de relajación que la persona pueda aplicar apenas advierta el inicio del ciclo.
- El segundo paso consiste en adoptar una postura crítica ante las creencias que sustentan la preocupación. Por ejemplo: ¿Cabe ciertamente la posibilidad de que ocurra el acontecimiento temido? ¿Es algo absolutamente necesario y no existe más alternativa que aceptarlo? ¿Hay algo positivo que pueda hacerse al respecto? ¿Realmente me sirve de algo dar vueltas y más vueltas a los mismos pensamientos?
Según señala Borkovec,
Esta combinación de atención y sano escepticismo puede servir para frenar la activación neurológica que subyace a la ansiedad moderada. La inducción activa de este tipo de pensamientos puede terminar inhibiendo el impulso límbico que alimenta la preocupación. Paralelamente, la inducción activa de un estado de relajación contrarresta las señales de ansiedad que el cerebro emocional envía a todo el cuerpo…. Estas estrategias determinan un curso de actividad mental que es incompatible con la preocupación. La reiterada persistencia de un determinado pensamiento obsesivo aumenta su poder persuasivo pero, en el caso de que logremos desviar la atención hacia un abanico de alternativas igualmente plausibles, evitaremos tomar ingenuamente como verdaderos los pensamientos que nos obsesionan.
Si quieres consultarme sobre este tema, me puedes contactar por e-mail en espiritudeempresa@gmail.com o por teléfono en el 










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